«Blonde» o como prostituir emocionalmente a Marilyn Monroe

En la vida hay dos cosas que odio terriblemente: perder el tiempo y las personas que cuando llueve van por debajo de la cornisa llevando paraguas. 

Por desgracia esta semana he perdido mucho tiempo y aunque odio hacerlo soy de ese ínfimo porcentaje que cree en las segundas oportunidades, pero a esto amigos, a esto no hay oportunidad que lo salve. 

Toda gran producción tiene admiradores y detractores. Spoiler: este artículo NO es de un admirador. 

Las expectativas estaban ahí, igual fueron demasiado altas, pero es a lo que te enfrentas cuando exhumas al mito del Hollywood dorado. 

La premisa se vendió como “Biopic” basado en la novela de nombre homónimo de Joyce Carol Oates, pero – spoiler otra vez – de “bio” tiene poco así que casi mejor llamarle “pic”. Lo único reseñable de esta película soporífera, aparte de la sublime interpretación de Ana de Armas, es el trabajo de Chayse Irvin recreando las fotografías icónicas de la actriz.  

Partiendo de ese término erróneo te advierto que, si pretendes conocer la historia de Blonde Bombshell en este filme no lo vas a hacer. Ni la suya, ni la de Norma Jane

Digamos que aquí, todo parecido con la realidad es pura coincidencia. No es necesario ser fan de los mitos, ni devoto de la rubia (teñida) más icónica del cine para darse cuenta de la morbosidad misógina que Andrew Dominik vomita en esta película.

Esperaba una historia donde se profundizara en la vida de Monroe (más allá del sex-symbol del séptimo arte) donde se comprendiese el porqué de esa inestabilidad emocional conocida por todos, pero me encontré con una historia superficial e insulsa. Una agonía constante, narrativa ficticia y un lamento incesante cargado de daddy issues. ¿El resultado? Un cuento de terror con aire melancólico y monocromía esporádica. – Mención honorífica u horrorífica a las escenas grotescas del embrión con lecciones de moralidad. – 

En esta órbita de enajenación incomprensible, echo en falta capítulos de la historia – la real -. ¿Dónde está el terrible recorrido por orfanatos y familias de acogida?  ¿Los abusos? – los reales -.  Sus ONCE padres adoptivos. Su primera boda a los 16 para tener estabilidad económica. Aquello de ser una posible espía comunista, su casi protagónico en “Desayuno con diamantes” su famoso “Happy Birthday Mr. President”, el rodaje de “Vidas rebeldes” u otros datos relevantes que brillan por su ausencia en un guion bastante burdo. 

Como era de esperar volvemos a la imagen de una rubia tonta, frágil y ahora enajenada mental, donde somos testigos de un declive agonizante que termina en “suicidio”.

Pero como datito curioso, su IQ era más elevado que el de Albert Einsten. Y más allá de todo lo sexual y jocoso que la rodeaba había una mujer inteligente y culta, que tuvo que lidiar con el trasfondo de una industria, sin escrúpulos, donde la aprobación masculina era regla irrebatible para el triunfo. 

Y ya que estamos hablando de datos curiosos. Fríamente, y con un poco de ética y moralidad (no como la del embrión), ¿qué clase de fetichismo necrófilo y creepy es ese de rodar en la misma casa de la actriz? ¡En la habitación en la que la encontraron muerta hace sesenta años!

Claramente el morbo vende, y Dominik ha sabido perfectamente cómo prostituir emocionalmente la memoria de Marilyn Monroe en un copy paste superficial, con referencias difusas, frases vacías y un halo de desazón constante con el que es imposible conectar en una agonía de casi tres horas. 

Por todo lo anterior, y viendo la película dos veces (recordemos aquello de las oportunidades) solo puedo preguntarme ¿Dónde está Marilyn?