El fenómeno «It Girl»

La globalización, más allá de todos los handicaps que pueda poseer, nos ha brindado la oportunidad de tenerlo todo a golpe de clic. Extrapolando la práctica tan aclamada por mis amigas profes – en algún punto habrá más graduados en magisterio que habitantes en Tokio – cobra sentido aquello del aprendizaje social de Albert Bandura. Y es que por muy mayores que nos sintamos, en el fondo (o no tan en el fondo para algunos) seguimos siendo niños. 

Este psicólogo afirmaba que todo lo que observamos produce un aprendizaje, él lo dividía en tres categorías: aprendizaje por semejanza: basado en la observación de un modelo similar a nosotros, aprendizaje por competencia: el más efectivo ya que aspiras a ser tu referente y aprendizaje por prestigio: aquel en el que cuanto más prestigio tiene el modelo mayor es su influencia. 

Y, aunque todo lo anterior sea una teoría para niños y suene a clase universitaria de esas en las que te quieres morir – de sueño, puntualicemos  -, es claramente aplicable al fenómeno del que vamos hablar. 

¿Alguna vez te has preguntado por qué las “it girls” tienen tanto éxito? Porque aunque algunas trabajan arduamente no todas lo hacen y de hecho, podemos afirmar que, la mayoría poseen un bagaje bastante inepto. Lo cual complica la tarea de entender este universo de éxito. 

Si hablamos de “it girl” posiblemente pienses en Alexa Chung, ya que está considerada la precursora por excelencia, pero a pesar de haberse ganado el título meritoriamente todo esto empieza muuuuuuuucho antes. La primera “it girl” de la historia fue austriaca y desgraciadamente murió guillotinada. Si, hablamos de Madame Déficit desde Versailles causaba furor en todo el país e incluso en las cortes extranjeras. Su amor por los zapatos, los complementos y la devoción por el panier, la hicieron modelo de vida aspiracional en medio de la rimbombante corte francesa. 

Casi a la par tenemos a nuestra “it girl” más internacional – que nos perdone LovelyPepa – que data del S.XIX. Eugenia de Montijo, y es que era gran admiradora de Maria Antonieta, y mientras esta vestía de Rose Bertin, Eugenia lo hacía de Charles Frederick Worth más conocido como el padre de la alta costura. 

Si algún mérito le tenemos que colgar a nuestra aristócrata de confianza es popularizar en Francia la mantilla de encaje, el abanico y las faldas de volantes. Porque mujer de Napoleón sí, pero made in spain también. 

Maria Antonieta
Eugenia de Montijo

Con el Hollywood dorado llegaron los nombres de los grandes iconos de cine que crearon tendencia en las calles. Grace Kelly, Audrey Hepburn, Marilyn Monroe, Elizabeth Taylor, Ava Gardner o Rita Hayworth. Y es que estas musas de antaño eran el modelo aspiracional de las mujeres de la época. Todas soñaban con el vestido de Grace Kelly en “La ventana indiscreta”, el de Audrey Hepburn en “Sabrina” o el de Marilyn Monroe en “Los caballeros las prefieren rubias”. Avanzando un poco más en la historia nos encontramos a Jacqueline Kennedy, posteriormente Onassis, que popularizó los trajes chaqueta, los looks monocromáticos y los kitten heels, convirtiéndose así en un icono de estilo mundial. 

Grace Kelly en «La ventana Indiscreta»
Audrey Hepburn en «Sabrin
Marilyn Monroe en «Los caballeros las prefieren rubias»

Aunque María Antonieta jugaba a ser campesina con cestitas y paseos por el campo, hubo alguien que cambió por completo la manera de ver a los Royals, Diana de Gales. Apostó por las hombreras, las lentejuelas y todo aquello que parecía no encajar en Windsor pero si lo hacía en las calles de Londres. Si piensas que no era influyente recuerda que un bolso de Dior lleva su nombre. Y hablando de bolsos con nombre, no podemos olvidarnos de Jane Birkin, otra influyente que cede título al bolso más aclamado de Hermès. 

Con los 80 llegó aquello ligar referente a fenómeno fan, fue entonces cuando Madonna, Diana Ross, Olivia Newton Jhon, Jane Fonda, Bianca Jagger, Michelle Pfeiffer y Cindy Lauper salieron a escena. Los 90 no fueron muy diferentes, y es que aquí la cultura pop y las sitcoms se convirtieron en fenómeno de masas, Britney Spears, Spice Girls o Christina Aguilera. Acompañadas de Kate Moss, Cindy Crawford, Cameron Diaz, Jennifer Aniston entre muchas otras dictaban las tendencias en el mundo adolescente y no tan adolescente. 

Con la llegada de los Y2K y el boom de internet las gemelas Olsen, Mircha Burton, Paris Hilton, Hilary Duff, Avril Lavigne, Sienna Miller, Lindsay Lohan, Ashley Tisdale, Miley Cyrus, Blake Lively, Selena Gómez y un sin fin de nombres tomaron las riendas de la influencia en los jóvenes millennials.  Avanzando en el tiempo los blogs dieron vida a aquellas ciudadanas de a pie que, con más o menos gracia, compartían sus looks diarios. Y es aquí donde todo cobra sentido, aprendizaje por competencia diría nuestro amigo Albert Bandura. Precisamente el ver que alguien normal, sin renombre ni padrino abría un blog llamado “The Blonde Salad” para convertirse en una de las personas más influyentes de Italia, hace que aspires a ser como ella, ¿por qué quién te dice que no? si ella también era como tú. 

Es entonces cuando entras en el bucle de vida aspiracional, de querer su casa, su ropa, su vida, maybe su marido, puede que su cuenta bancaria y a sus adorables hijos. ¿La clave? La cercanía, la naturalidad y la visión empresarial. Quieres su vida y consumes su contenido. 

Chiara Ferragni en su boda con Fedez.

Como Chiara cientos más, en una lista sin fin nacida en blogspot que se ha tenido que reinventar en mayor o menor medida. Sumadas a las bloggers tenemos una extensa lista de modelos, actrices y cantantes que influyen día a día a jóvenes que quieren forjar su estilo y personalidad. 

El clan Kardashian, Bella y Gigi Hadid, Dua Lipa, Beyoncé, Rihanna, Rosalía, Zendaya, Millie Bobby Brown, Hailey Bieber, Olivia Palermo, Taylor Swift y un largo etc. Porque si, hay variedad para todos, todas y todes. 

Parece mentira que, con todo lo anterior, actualmente demos la oportunidad de que nuestras “that girl” sean personas que mueven el ombligo en tiktok, mientras se esfuerzan en hacernos entender el arduo trabajo que conlleva hacer un vídeo con la carne en oferta. Lo peor es que a eso es a lo que aspiran nuestras generaciones futuras y no hay aprendizaje de Albert Bandura que consiga justificarlo. 

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