Séptimo y octavo arte

La relación entre el séptimo y el octavo arte ha sido desde sus comienzos un tanto desigual. Pareciera que el hecho de que ambos estuviesen excluidos de la lista oficial de las bellas artes  dotase de un valor especial al número que les acompaña. El cine ha utilizado la moda como recurso a veces con maestría y en otras ocasiones con desprecio. A  pesar del poco valor que se le da a los premios relacionados con el vestuario han existido excelentes colaboraciones entre cineastas y modistos. Es el caso de Alfred Hitchcock y Edith Head, las películas del maestro del suspense no hubiesen sido las mismas sin la elegancia de los trajes de chaqueta de sus protagonistas. Lo mismo ocurre con Hubert de Givenchy y Blake Edwards en Desayuno con diamantes. Es reseñable el caso de las películas francesas que siempre han estado en deuda con la elegancia que se atribuye al país y la importancia de la alta costura en su idiosincrasia. Belle de Jour es un manual de estilo firmado por Yves Saint Laurent  y Maitresse es la obra más loca de Karl Lagerfeld. Podríamos dedicar todo el post a recopilar casos en los que la moda fue un elemento comunicativo imprescindible, desde el traje Armani de Richard Gere en American Gigoló a los capuleto del Romeo & Julieta de Baz Lurhman  vestidos por Dolce & Gabanna.

 

El cine ha instrumentalizado la moda en su provecho durante décadas, lo contrario ha ocurrido más bien poco. Como excepción podríamos mencionar los anuncios televisivos, aunque limitados por su fin comercial, este formato ha alumbrado obras de arte publicitarias como los anuncios de Levis por Michel Gondry o Jonathan Glazer o el spot del perfume  Egoist de Chanel por Jean Paul Goude. 

Algunos dirán que la moda  se ha beneficiado, y mucho, de su relación con el audiovisual, es cierto, pero siempre ha ejercido un papel de sumisión, al servicio de la narrativa y no como forma de expresión independiente. Hasta que en 2008, la visionaria Diane Pernet  funda el festival de cine y moda “A shaded view of fashion”. También precursora de la deslocalización de las tendencias, el festival siempre tiene lugar en lugares marginales, lejos de las grandes capitales de la moda, en cada edición muestra la sinergia entre la  vanguardia de la moda y el cine experimental. Productos inclasificables, siempre nuevos y sorprendentes que no relegan a la moda a un simple papel secundario, sino que aumentan sus posibilidades y lo convierten en protagonista. 

A medida que el siglo XXI avanzaba también lo hacía el uso de las redes sociales y  las tiendas online, así como el aumento de la velocidad en las conexiones a internet, esto extendió  la utilización del video como medio promocional para las firmas de moda, que cada vez contrataban a más videógrafos y directores de cine para sus campañas. Y luego llegó 2020, y la máxima expresión de la moda como arte, los desfiles de alta costura, se adaptaron al formato virtual. 

 

No tengo ni idea de si ocurrió o no, pero imaginé a los creativos de las firmas de moda corriendo a ver lo que había estado haciendo Diane Pernet en los últimos 12 años para  que la presentación de sus desfiles estuviese a la altura de sus creaciones. Al principio todo fue un poco caótico, pero la industria de la moda se ha adaptado rápidamente y ahora mismo está siendo presentada la París Fashion Week, en mi opinión, más interesante de la historia. En la página de la  Federation de la Haute Couture et la Mode podemos ver el horario de todos los desfiles de la Womans Fashion Week de París, y visualizar los desfiles. Algunos creadores se han decantado por utilizar modelos reales emplazados en paisajes creados por ordenador o acompañados de elementos de realidad aumentada, mientras que otros han optado directamente por el fashion film. El resultado es que en lugar de la París Fashion Week esto casi parece Sundance, para los que compartimos amor por ambas artes no podría haber mejor noticia. 

 

Cecilie Bahnsen, Fall Winter 2021 «The City»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

0