Ficcionar la moda

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El mundo de la moda se nutre de filias poco evidentes, incluso extrañas por provenir de ámbitos  que se encuentran a años luz de distancia. Pero como las personas y sobre todo los diseñadores  somos universos influenciados por complejos cúmulos de estímulos en el fondo  no sorprende la relación del género de ficción y fantasía con la alta moda. 

En nuestra niñez a nadie se le escapaban las referencias en las colecciones de Franco Moschino a los cuentos de hadas, él fue el primer diseñador favorito de muchos. Otros tantos admiraron por primera vez la belleza de las ilustraciones de James Jean a través de su colaboración con Prada. Se trata de campos concretos con un público minoritario pero  fiel y con un valor artístico indiscutible, su introducción en la moda sigue siendo testimonial pero muy enriquecedora. 

 
 
 
 
 
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En moda se dan  unas circunstancias particulares que hacen posible este tipo de sinergias. La primera es que todo lo que está por encima del  pret-a-porter de diseñador es un entorno elitista, sin paños calientes. No caben ninguno de  los -ismos de la sociedad general porque existe un elemento diferencial mucho más importante. Por otro lado, la búsqueda de lo nuevo obliga a explorar  lugares recónditos, y si el mundo físico ya no da para más,  no hay nada tan inmenso como la mente humana. Solo un paseo por la cabeza de Lovecraft nos daría para toda una vida de referentes. Por eso la fantasía, desde Disney al Warhammer, resultan tan interesantes. 

El valor de la verdad reside en su complejidad, es el nivel de detalle el que diferencia la realidad del sueño. Pero que pensar entonces de fenómenos como Warhammer. Un juego de fantasía con treinta años de historia, millones de páginas escritas y otras tantas ilustraciones y esculturas hechas por  artistas de todo el mundo, un universo tan cuidado como las miniaturas que lo caracterizan y que dispone de un idioma propio. Si Paul Poiret se inspiró en la cultura oriental, algo exótico en los primeros años del siglo XX, los diseñadores del siglo XXI disponen de otros nuevos mundos en los que poner la mirada. 

Como siempre insistimos a nuestros estudiantes, hay que participar de otros ámbitos y profundizar en ellos para ser capaces de diseñar de forma transversal. Muchos diseñadores se sienten atraídos por la música, el cine, los movimientos contraculturales … pero es más complicado encontrar profesionales que compartan aficiones con disciplinas en principio poco preocupadas por la estética. Es el caso de las aficiones nerd, que abarcan de  los juegos de mesa a la programación, normalmente no se relacionan con la moda, y precisamente por eso estas colaboraciones suelen ser brillantes.  Y es que sería poco inteligente ignorar  una expresión artística tan rica solo para que no nos tachen de raritos.