¿Qué era eso del backstage?

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Es verdad que en el mundillo de la moda se utilizan multitud de anglicismos que, en general, no gustan demasiado. Bastante fama de superficiales tenemos, como para aderezarla con esa costumbre impopular de utilizar palabras que nadie más entiende. Lo curioso es que hasta ayer, día en el que tuve la suerte de estar en uno durante varias horas, no sabía lo que realmente significaba backstage, más allá de la palabra. 

Empecemos por la definición, backstage es una vocablo compuesto de back ( espalda en inglés) y stage (escenario), lo  que hay detrás del escenario ¿Y que hay realmente ? Pues un montón de gente., maquilladores, peluqueros, modelos, diseñadores (que en este caso, son también vestidores) , coordinadores … Todas estas personas son como botellas de Coca-Cola con una aspirina dentro, altas dosis de norepinefrina y  dopamina en unos cerebros a punto de explotar. ¿Queréis un espectáculo de ansiedad y júbilo? Bienvenidos al backstage

Se tarda unos minutos en comprender la lógica del movimiento aparentemente caótico de este lugar. Si lo comparamos con las partículas, diríamos que unas vibran siempre en el mismo lugar y otras se desplazan dentro de circuitos definidos. Los agentes libres son los modelos, en menor proporción que el resto del personal, orbitan entre el punto en el que les visten, la fila de salida, la estación de maquillaje y la puerta que conduce al público, el escenario es un punto ciego para todos los demás. Las partículas vibrantes, se quedan en el mismo lugar pero sin parar de moverse, son las que  visten, maquillan y peinan, y también esperan. Aquí no hay mano invisible, sino coordinadores invisibles entre el caos, tardas en situarlos aunque se les escuche gritar el nombre del modelo que llega tarde o del que no aparece. A la tercera mención del mismo nombre a algún vestidor ya se le debe de haber despegado la carne del hueso (como adoro esta expresión, tan primitiva como el método de persuasión que nos ocupa). 

Cuando mis ojos se adaptaron al caos como lo hacen a la oscuridad al entrar en una habitación sin luz, la corriente de personal se encona inesperadamente. Ocurre  a mitad del desfile, veo a una modelo con los brazos extendidos mientras dos vestidores intentan colocar una cantidad indecente de correas, botones y complementos. Cuándo el agobio de estos se hace evidente, comienzan a surgir manos, hasta ocho personas en torno a una sola, en un espontáneo trabajo en equipo. El remolino de gente se dispersa cuando la modelo, dando saltitos con las sandalias sin abrochar, se acerca al set de maquillaje. Las encargadas de dar los últimos retoques, brocha y cepillo en mano, se han subido al segundo peldaño de la escalera para salvar la diferencia de altura que las separa de la modelo. La escena recuerda a esas imágenes de restauración tan típicas de los museos.

Unos 30 segundos más tarde, ya sale la escultura por la puerta hacia un universo de mil ojos que nosotros seguimos sin poder ver. Siguen minutos de gritos, mohines, caras de auténtico pánico y sudores fríos. La música se opaca con las paredes de hormigón que nos separan de la pista, se escucha, aunque pierde tonos y es raro. Todo va tan deprisa que parece lento y hace mucho calor, pierdo un poco el foco y ya han pasado varias colecciones, el espectáculo se acerca al final. Es entonces cuando se produce uno de los momentos más emotivos, la salida de las diseñadoras. Las partículas vibrantes abandonan su quietud inquieta para salir al escenario, y desde dentro se escucha el clamor del público, que realmente deseaba ver a los autores. El desfile de una escuela de moda puede no llegar a las cotas de perfección de uno de alta costura, pero es difícil superar los niveles de emoción de una primera vez.