Boro, una tendencia para salvar el mundo

En no pocas ocasiones a los trabajadores del mundo de la moda se nos tacha de frívolos, incluso de cabezas huecas, pero estar tan en contacto con el irracionalismo, el impulso o  la obsesión nos privilegia para comprender mejor ese sinsentido que es el genero humano y las consecuencias de sus decisiones. La moda es una tribuna para comprender el avance (no siempre lineal) de las sociedades y no nos faltan conocimientos de sociología, psicología, antropología e historia para tratar de predecir cual será el capítulo siguiente.

El futuro de este presente, el de la generación Z, aparece como una página en blanco. El no dibujo de una mente incapaz de dotar de significado a los otros, a las cosas o a las experiencias. Así lo describe el informe de tendencias de WGSN para esta década de los 20 en la que acabamos de entrar. Un vacío que es característica común de varias enfermedades mentales y que deshumaniza a quien lo padece, apartándole incluso de la realidad y de la capacidad para ser feliz. El futuro parece poblado por un individuo neutro, nativo tecnológico con problemas derivados del hiperconsumo y el individualismo desacerbado, personas que necesitarán clases para saber crear vínculos y entrenar sus mentes para ser capaces de encontrar sentido al mundo que les rodea. 

De acuerdo a la prestigiosa compañía de análisis de tendencias este relato distópico no hará desaparecer nuestra humanidad, sino que nos hará luchar por recuperarla. Nuestro ser del futuro volverá a humanizarse aunque deba trabajar para ello y  así surgirán tendencias como el BORO. De la tradición japonesa, surge de la necesidad, y se define como el hábito de reutilizar, reconstruir, reinventar. Será una exigencia real porque el consumo actual es insostenible, pero también una cura. Es posible que tuviésemos que sentir la nada para poder crear de nuevo, volver a construirnos a nosotros mismos. 

¿Y como sería esa sociedad del futuro muy cercano?  El consumidor comenzará por tomar conciencia de su responsabilidad e invertirá tiempo en informarse. Dejará de ignorar el origen de las fibras, los procesos de producción, prestará atención a los  manifiestos de las marcas y no utilizará prendas que contradigan sus valores morales, se vestirá de conciencia ecológica y social. La consecuencia más inmediata será la búsqueda de la calidad y la perdurabilidad por encima de la inmediatez, se venderán menos prendas pero de mayor calidad y coste.

El individuo controlará más su propia psique para ser menos manipulable ante el condicionamiento psicológico de la sociedad de consumo y hará gala de sus logros. Veremos un resurgir de las tiendas especializadas, se invertirá más  tiempo en la selección de prendas y se sentirá mayor apego hacia ellas. Proliferarán los talleres en los que el consumidor abandona su actitud pasiva y se convierte en creador, aprenderemos a reciclar prendas, manipular tejidos, teñir, bordar, confeccionar… Volveremos a necesitar a los zapateros, las modistas y los reparadores de paraguas y recuperaremos los hábitos que nos hacen más humanos. ¿ Conseguiría una tendencia salvar al mundo ?

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